De alguna manera el jerez estuvo presente en los orígenes
de las primeras colonias inglesas que se instalaron en la costa este de los
actuales Estados Unidos. Cuando los Puritanos arribaron a Massachusetts, en
1620, buscando una nueva tierra de promisión y libertad lo hicieron a
bordo del Mayflower , navío que habitualmente se utilizaba para transportar
botas de jerez desde España a Inglaterra. Más que su aroma iría
llegando, con los años, al Nuevo Continente. La arraigada costumbre británica
de consumir los vinos de nuestra zona iba a ser aceptada por sus parientes americanos,
toda vez que los primeros colonos lo llevaban consigo junto con sus pertenencias
más querida, y lo demandaban a la metrópoli una vez instalados
allí.
Al principio, su consumo fue destinado para momentos especiales
como bodas y bautizos, y casi siempre bebido en un recipiente caliente mezclado
con leche, huevo batido, y nuez moscada. A esta combinación, importada
de Inglaterra y de la que el primer presidente, George Washington (1732-1799)
era muy aficionado, se le conocía como Sack-posset o Eggnog ; aunque
con el tiempo los americanos añadirían algún que otro ingrediente.
Otro gran presidente atraido por el jerez era Thomas Jefferson,
un hombre culto y buen conocedor de los vinos europeos, incluido el nuestro
- “ he loved dry and sweet Sherries ”-, según me comentaba
su biógrafo James Gabbler , que añadía que llegó
a escribir a un productor de Jerez para no verse privado de su consumo diario
“ it will be a daily privation ”.
A pesar de ello, muy pronto se le aplicaron tasas abusivas
para su importación, favoreciendo la entrada de los vinos de Madeira,
debido a su situación geográfica.
En este panorama, la literatura americana que está dando
los primeros pasos, sus grandes creadores estarán tentados de saborear
ese vino tan especial que los escritores del otro lado del Atlántico
ensalzan en sus obras.
Era inevitable, a pesar de las trabas comerciales y de las
restricciones puritanas que implantaron los “padres peregrinos”
en la sociedad americana, que el jerez fluyera por las páginas de las
obras de los autores americanos.
Hagamos notar que en una fecha tan reciente como es 1967, la
escritora Joanna Russ (1937), publicaba el relato titulado “ I Gave Her
Sack and Sherry ”, en clara referencia a una antigua canción tradicional
de amor inglesa del S-XVI.
Curiosamente, esta influencia está reflejada, sobre
todo, en los escritores americanos originarios de los estados situados en las
dos costas del país, es decir la parte de Nueva Inglaterra y California,
esta última, evidentemente, por su origen español y situación
fronteriza con México, a lo que habría que añadir la creación,
a principios de siglo, de Hollywood. La Meca del cine atrajo una enorme avalancha
de guionistas, artistas e intelectuales de la vieja Europa.
Hollywood y los miembros más distinguidos de ese universo
cinematográfico han sido una pieza fundamental en la promoción
y consumo de nuestros caldos.
Para confirmar este argumento tenemos las referencias al jerez
en la novela de Gore Vidal (West Point, 1925), “ Hollywood ”, que
desarrolla la acción en 1917: “ Mientras Caroline bebía
jerez....y ahora con jerez para Caroline...relajada por el jerez ”.
Añadiendo el escritor y director, Andrew Bergman, en
su obra editada en 1975, “ Hollywood Le Vine ”: “ Helen Adrian
había estado dándole al jerez desde el mediodía ”.
Dos comediantes judíos metidos a escritores avalarán
este punto. Woody Allen (Nueva York, 1935), escribe en su obra teatral “
Play it again, Sam ” (1969), pasada posteriormente al cine, la siguiente
frase en boca de Sharon: “ Una copa de Harvey´s Bristol Cream, por
favor ”. Allen es un apasionado del jerez como lo ha demostrado en otras
obras suyas como “ Take the money and run ”(“Coge el dinero
y corre”) y “ Shadows and fog ” (“Sombras y niebla”),
donde repite su homenaje a uno de los vinos más universales.
Igulamente, Groucho Marx (1895-1977), nacido también
en Nueva York, escribe en su hilarante “ Memoirs of a Mangy Lover ”,
de 1963: “ Before dinner we each had a glass of sherry ” (“
Antes de la cena cada uno se tomó una copa de jerez ”).
Pero si volvemos al principio, en un orden cronológico,
nos encontraremos a una figura destacada en la difusión de la cultura
española en Estados Unidos como de los vinos del Marco: Washington Irving
(1783-1859). Irving llegó a ser embajador de su país en España,
en los años 1826 a 1829, lo que le permitió viajar por varios
lugares de la provincia de Cádiz. La visita a las bodegas le hizo exclamar:
“ Dios quisiera que pueda vivir todo el tiempo para beber todo este vino
y estar siempre tan alegre como él pueda ponerme ”.
En Inglaterra escribió “ Little Britain ”
(1819-1820), donde hace este rotundo comentario: “ ... port and sherry
maintain their grounds as the only true English wines ...”. A su vuelta,
en 1809, puso de moda en Nueva York el Sherry cobbler, bebida refrescante compuesta
de jerez, agua, limón o naranja, azucar y hielo, que se bebía
con una pajita. También intento afianzar el jerez entre los consumidores
de Boston frente a la competencia del Madeira, solicitando a sus amigos del
Puerto de Santa María el envío de botas del mejor “ Brown
Sherry ”.
Como hicieran los ingleses en la época Romántica,
los americanos se sintieron atraídos por la magia sensual de Andalucía
y el deseo de paladear los caldos jerezanos en su lugar de origen. Figura clave
en este sentido sería Ernest Hemingway (1899-1961). Su amor por todo
lo español queda retratado en “ Fiesta ” (1926), en la que
el personaje principal se une al aperitivo que están tomando sus amigos,
Bill y Robert en una terraza, claro está es jerez. Más adelante
será Mike quien pida a la camarera del hotel “ seis botellas de
cerveza y una de Fundador ”.
Compartiendo los mismos sentimientos y gustos está en
neoyorquino Paul Bowles (1910-1999) viajero empedernido visitó nuestras
tierras. En “ The Sheltering Sky ” (1949), que tuvo su versión
cinematográfica, el personaje de Port recuerda “ las frescas bodegas
subterráneas de Jerez donde le habían ofrecido un Tio Pepe de
1842, y pidió lo mismo ”. Uno de los grandes de la literatura americana,
el maestro del cuento de terror, Edgar Allan Poe, que nacería en Boston
en 1809 y fallecería en 1849, escribió, en 1846, un bello relato
lleno de encanto y misterio:“ The Cask of Amontillado ” (“El
barríl de Amontillado”).
Para concluir, mencionar a dos autoras destacadas de las letras
americanas, ya que también la mujer juega un papel importante en el consumo
al elegir nuestros vinos: Willa Cather y EmilyDickinson. Willa Cather (1783-1947),
nació en el estado de Virginia. Su escritura, hecha con delicadeza nos
ofrece un retrato de los paisajes estadounidenses y las gentes que habita en
ellos. En cuatro de sus obras introduce la mención al jerez, así
en “ My Antonia ”, de 1918 o en “ The prfessor´s House
”, escrita en 1925.
Emily Dickinson que, curiosamente, nació en Massachusetts
en 1830, escribiría un poema donde ella misma se describe: “...
and my eyes like the sherry in the glass that the guest leaves ”. Una
bella comparación sin duda alguna.
No hay que olvidar, aunque sea someramente, los nombres de
Henry James, Jack London, Carson McCullers, Truman Capote o Kate Douglas Wiggin
, todos ellos hicieron su aportación en dar a conocer un vino que, con
seguridad podemos afirmar, les habría proporcionado la inspiración
necesaria para su creación artística.
AUTOR : JOSE LUIS JIMÉNEZ GARCÍA www.jerezdecine.com
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