Si contemplamos las bodegas del Marco del Jerez podremos concluir
en una primera aproximación que son hermosísimas desde el punto
de vista "estético", pero si las analizamos en función
de las necesidades que plantea la crianza de los Vinos de Jerez deduciremos
que son además extremadamente funcionales.
El clima del Marco, meridional cálido pero con fuerte
influencia del Océano Atlántico, determina importantes oscilaciones
de temperaturas, cambios en el nivel de humedad en función de los vientos
dominantes, etc., Ello ha obligado a los bodegueros de Jerez a adecuar las condiciones
arquitectónicas de las bodegas, para paliar los factores negativos y
aprovechar los positivos. Las bodegas suelen estar situadas cerca del mar, o
bien en terrenos relativamente altos, para que los vinos que almacenan puedan
recibir las brisas marinas de la mañana y los vientos húmedos
provenientes del océano. Además, la orientación de los
edificios suele ser noroestesureste, lo que asegura el mínimo de horas
de sol y el máximo de humedad. Las levaduras que forman la flor viven
mejor en la oscuridad y en silencio; por eso los bodegueros construyen ventanas
altas y de forma apaisada de modo que los rayos de sol no lleguen a las botas.
Además cubren los huecos de las ventanas con celosías o persianas
de esparto para que entren las brisas del mar, pero no la luz.
Las bodegas de Jerez son más altas que las de otras
regiones vitivinícolas, pues pueden llegar a tener una altura de hasta
14,5 m. en su arco central. Con ello los bodegueros intentan crear un gran volumen
de aire para cada bota, ya que la ventilación es una exigencia de la
crianza bajo velo de flor.
Las paredes laterales de las bodegas tienen un espesor nunca
inferior a 60 cm. para soportar la altura de sus paredes externas y producir
un gran aislamiento térmico. Los muros están hechos con materiales
de gran higroscopicidad para que las bodegas mantengan un grado de humedad muy
alto. Por su parte, los pavimentos de las bodegas de Jerez están fabricados
con arena, cal y óxido de hierro para mantener la humedad interior; en
verano se riegan hasta dos veces por semana para que las bodegas se mantengan
frescas.
A lo largo de la larga y convulsa historia del Marco del Jerez,
los vinateros han ido adaptando sus edificios y perfeccionando sus bodegas,
buscando siempre el equilibrio entre la funcionalidad y la belleza.
Las Bodegas Moriscas
En el momento de la conquista del Alcázar de Jerez
por las tropas de Alfonso X El Sabio en 1264 existía en el poblado árabe,
según el Libro de Repartimientos Urbanos de Jerez, veintiún cascos
de bodega, a los que se añadieron dos de las siete mezquitas, que se
convirtieron asimismo en bodegas. Las bodegas moriscas eran de dimensiones muy
reducidas, techadas
con teja árabe, a una sola vertiente, y con vigas cortas, lo que limitaba
la capacidad de los edificios a menos de veinte barricas. En el Marco existen
todavía bodegas moriscas en Sanlúcar de Barrameda y Trebujena.
La Mezquitas
Tras la entrada de las tropas cristianas en Jerez en 1264,
sus cuatro grandes mezquitas fueron convertidas en las cuatro parroquias principales
de la ciudad, dedicada a los cuatro evangelistas (San Mateo, San Marcos, San
Lucas y San Juan), y la mezquita principal se convirtió en la Iglesia
Mayor dedicada al Salvador. Las dos más pequeñas fueron convertidas
en bodegas.
Existe también una mezquita que sirvió para
fines bodegueros en el Palacio de La Almona en Sanlúcar de Barrameda.
Los vinos que se guardaban en estas bodegas eran tintos dulzones, arropados
o acaramelados y vinos dulces de uvas pasas, endulzados con miel.
La Baja Edad Media y el Renacimiento
Durante esta época, se emplearon en la construcción maderas de
los abetos de Suecia, Letonia e incluso Rusia, que llegaron hasta el Marco de
Jerez gracias a los acuerdos comerciales existentes. El empleo de estas maderas,
cuya gran longitud de fibra y práctica ausencia de nudos le confiere
una gran elasticidad y resistencia, permitió ampliar los vanos de los
edificios y construir bodegas más grandes. En el Marco existen numerosos
edificios de esta época. Los tintos arropados y los vinos licorosos seguían
constituyendo en esta época la parte del león de los vinos de
Jerez.
Las Bodegas de los Conventos
Tras el descubrimiento de América, la mayoría
de las Ordenes religiosas fundaron conventos en Sevilla, Cádiz, El Puerto
de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, para albergar a los misioneros
que partían hacia las Indias. En estos conventos se impartían
a los religiosos clases de lenguas indígenas, conocimientos de medicina,
etc. Todos los conventos tenían una bodega en su planta baja, que eran
locales pequeños situados debajo del piso principal, con techo abovedado
y de ladrillo; su escasa ventilación no permitía la crianza de
vino bajo velo, sino simples añejamientos, fundamentalmente de vinos
olorosos para Misa.
Tras la desamortización de Mendizábal algunos de estos conventos
pasaron a manos de particulares, que los dedicaron simismo a bodegas.
Los Palacios de los Mercaderes de las Indias
A lo largo del Siglo XVI se establecieron en Sevilla mercaderes
genoveses y alemanes para comerciar con las colonias americanas. A finales del
siglo XVII, cuando la cabecera de la flota se trasladó a Cádiz
(1680) y sobre todo cuando la Casa de Contratación pasó de Sevilla
a Cádiz en 1717 esos mercaderes se desplazaron a Cádiz, El Puerto
de Santa María y Sanlúcar
de Barrameda, y construyeron palacios espléndidos, cuyo viguetaje estaba
formado por maderas preciosas (caoba, ébano, etc.), que venían
como lastre de los galeones .
Los palacios de los mercaderes de Indias contaban con una bodega en su planta
baja, dotada de un gran aislamiento térmico, en donde los mercaderes
guardaban vinos olorosos de añadas.
Las Bodegas de Lujo
Son edificios cuyas características constructivas son
singulares y no se ajustan a los esquemas de construcción del Marco.
Como ejemplo de este grupo contamos con la bodega de Bertemati, edificio de
gran lujo, situada en la calle Porvenir de Jerez, construida con materiales
ricos y elementos arquitectónicos como bóvedas y cúpulas.
También merece mención la bodega de La Concha edificada por Eiffel
de París, que se construyó con ocasión de la visita a Jerez
de la Reina Isabel II en 1862.
Las Bodegas Catedrales
Las bodegas-catedrales, así descritas por el escritor
y viajero británico Richard Ford, son bodegas de añejamiento y
crianza de vinos que no disponen de lagares y reciben el vino para su crianza,
una vez fermentado, es decir convertido de mosto en vino. Tienen tejado a dos
aguas y una cubierta muy alta soportada por altos pilares y arquerías
donde se almacenan las
botas asentadas en tres o cuatros hiladas superpuestas. Aunque la construcción
de este tipo de bodegas se inició a finales del siglo XVIII, su generalización
se produjo con el inicio de la crianza de los Finos y Manzanillas bajo velo
de flor a finales del primer cuarto del siglo XIX, porque esta crianza exige
edificios muy altos que provoquen condiciones microclimáticas especiales,
en particular un gran aislamiento térmico. Su financiación corrió
a cargo en muchos casos de los "capitales de regreso" de los empresarios
españoles que volvían de América tras la independencia
de las Colonias.
|