Hacia principios del mes de septiembre el escobajo verde de la vid se vuelve oscuro
y la uva "se rinde", esto es, se vuelve blanda y dulce. No hay una fecha
exacta para iniciar la vendimia porque ésta depende del grado de maduración
de la uva, que debe ser como mínimo de 10.5º baumé.
La "corta" del racimo se realiza habitualmente a mano, procurando
que las uvas lleguen al lagar rápidamente y en las mejores condiciones
posibles. Para ello se utilizan frecuentemente cajas de plástico de unos
18 kilogramos, que se apilan unas sobre otras de forma que la uva no sufra en
su transporte desde la viña hasta el lagar.
Las uvas destinadas a la elaboración de vinos dulces especialmente de
las variedades Pedro Ximénez y Moscatel se colocan al aire libre para
su soleo sobre redores de esparto. El objetivo es lograr la pasificación
de la uva, al evaporarse el agua contenida en el grano; por ello, los racimos
se cubren durante la noche para que no sufran el relente de la madrugada. La
duración de esta operación varía dependiendo de las condiciones
climatológicas, y puede prolongarse más allá de una semana.
La obtención del mosto
Una vez en los lagares, las uvas se descargan en unas cintas transportadoras
para eliminar los escobajos, hojas y racimos en malas condiciones, cuya inclusión
en la prensa produciría excesivo tanino. Después se pasan a máquinas
de estrujado suave para facilitar la apertura del grano e inmediatamente después
se pasan a las prensas. Mediante suaves presiones se obtiene el denominado mosto
de yema que presenta un rendimiento de 70 litros por cada 100 kgs. de uva. Sólo
este mosto de yema constituye la base para la crianza de los Vinos de Jerez.
Posteriormente, las bodegas suelen aplicar presiones superiores con el objetivo
de obtener el resto del líquido contenido en la uva. El zumo resultante
de estas presiones superiores nunca podrá ser utilizado para la elaboración
de vino de Jerez, si bien puede destinarse, bajo el control del Consejo Regulador,
a la elaboración de otros vinos no calificados como Jerez o a su envío
para destilación o para la obtención de otros subproductos.
La fermentación
El mosto obtenido en las prensas pasa inmediatamente a depósitos de acero
inoxidable para realizar la fermentación, la cual tiene lugar a temperaturas
controladas entre 22ºC y 24ºC. Algunas bodegas mantienen todavía
el antiguo sistema de fermentación en barricas o botas de roble nuevas,
con el doble fin de que el proceso sirva para envinar las botas y las capacite
para la crianza del Jerez y, por otra parte, para obtener una vinificación
característica del mosto.
El proceso de fermentación se divide en el Marco de Jerez en dos fases
claramente diferenciadas. Durante los primeros días tiene lugar la fermentación
tumultuosa, proceso por el cual más del 90% del azúcar que contiene
el zumo de la uva se convierte en alcohol etílico y anhídrido
carbónico.
Después de esta primera fase de la fermentación comienza una segunda,
lenta, que finaliza a primeros de diciembre, y tras la cual se obtiene un delicado
vino blanco, totalmente seco y de entre 11 y 12º vol., cuyas características
determinarán su clasificación, antes de entrar en la fase de crianza.
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