Desde el teatro hasta la música, desde la pintura
hasta la moda, nuestros vinos han dejado una profunda huella de su presencia
en las distintas manifestaciones del arte de todas las épocas. El cine,
considerado el séptimo arte, no podía ser una excepción.
El ofrecimiento por parte de los personajes de “una copa de jerez”
ha sido en incontables películas la manera gráfica y sutil con
la que los guionistas han introducido en sus obras, tanto las originales como
las adaptadas, un toque de refinamiento en ciertas ocasiones, o de intimidad
en otras. El vino de Jerez es un producto tradicional, y por lo tanto, enraizado
en nuestras costumbres desde tiempo inmemorial. Gracias a una eficaz comercialización
en los mercados internacionales, y a su aceptación por amplias capas
sociales, ha ido alcanzado fama universal a través de los siglos.
Su calidad y prestigio le han abierto las puertas del mundo
de la cultura, el arte y la política, y éstos a su vez lo han
ensalzado en sus obras, elevándolo a la consideración de uno de
los mejores vinos del mundo. Es innegable que nuestros vinos han gozado de una
gran reputación en la sociedad anglosajona. Desde la Edad Media se ha
desarrollado una intensa relación con los mercados del Norte de Europa,
donde el Jerez es conocido con el apelativo de sherry, y con esta denominación
la literatura y posteriormente el cine lo han proyectado más allá
de nuestras fronteras.
Si el Jerez ha ido al cine, también se ha producido
el efecto inverso, numerosas figuras del séptimo arte han visitado las
bodegas del Marco del Jerez atraídas por nuestro vino milenario. Las
firmas de numerosas estrellas del celuloide como Buster Keaton, Stan Laurel,
Steven Spielberg, Roger Moore, Antonio Banderas, Charlton Heston, Tyrone Power,
Alec Guinnes, Esther Williams, Cantinflas, Sean Connery y, por supuesto, Orson
Welles figuran en las botas de muchas bodegas como testimonio de su paso por
Jerez.
En este sentido, y según lo atestigua Larry Swindel
en su libro “El último héroe”, en el Hollywood de
los años 40, muchas estrellas, entre ellas Gary Cooper, tenían
por costumbre tomar una copa de Jerez antes del almuerzo.El Jerez, del papel
a la pantalla Innumerables y destacadas personalidades de las letras británicas
han plasmado en múltiples referencias literarias su admiración
por un vino que les estimulaba el ingenio, propiciaba las relaciones sociales
y favorecía su estado de físico.
Dos grandes genios, Shakespeare en el escenario y Orson Welles
en la pantalla, expresarán por boca de Falstaff las beneficiosas cualidades
del Jerez, que quedarán recreada en el film de 1965, “Campanadas
a medianoche”.
En esta conjunción creativa no hay que olvidar que Charles
Dickens, Arthur Conan Doyle, Oscar Wilde, Robert L. Stevenson, Agatha Christie,
Graham Greene , James Joyce, o Ian Fleming, serían adaptados a la gran
pantalla en las versiones cinematográficas de “Oliver Twist”,
de David Lean, “Sherlock Holmes y la persecución de los argelinos”
de Roy Williams Neil, “El retrato de Dorian Grey” de Albert Lewin,
“El extraño caso del Dr. Jekill” de Victor Fleming, “Testigo
de cargo” de Billy Wilder, “El factor humano” de Otto Preminger,
“Dublineses” de John Huston, y “Diamantes para la eternidad”
de Guy Hamilton, en las que las referencias al vino de jerez es un punto de
encuentro de tan dispares producciones.
La narrativa norteamericana se ha hecho eco de la pasión
británica por las distintas variedades del Jerez, y que Hollywood también
reflejó en el celuloide. Las grandes creaciones de Theodore Dreiser,
Edgar Allan Poe, Henry James, Ernest Hemingway tendrian su trasunto destinado
a las salas cinematográficas: “Carrie”, de William Wyler,
“Historias de terror”, de Roger Corman, “La heredera”,
también de William Wyler, y “Fiesta” de Henry King. En todos
los ambientes y lugaresDecía José María Pemán que
el vino de Jerez era cosa de aristócratas. El gusto refinado de las clases
altas ha sido muy proclive al consumo de nuestros caldos. Las bodegas del palacio
de Buckingham están ampliamente surtida de las distintas variedades del
jerez.
No es de extrañar, por tanto, que en “Un puñado
de polvo”, de Charles Sturridge, “María Antonieta”
de W. S. Van Dyke , “El cisne”, de Charles Vidor, “Alta sociedad”,
de Charles Walters, en la sentimental “El pequeño Lord”,
de Jack Gold, o en “Rafi, un rey de peso”, de David S. Ward, el
Jerez se mueva con naturalidad por los amplios salones de las grandes mansiones,
entre botellas de delicado cristal y pulidas bandejas de plata.
Por otra parte, como también resaltó Pemán,
el Jerez ha tenido y tiene múltiples usos medicinales, siendo muy extendido
su consumo entre los galenos del celuloide, que lo poseen en sus casas y lo
recomiendan en las consultas, como podemos ver en los variados ejemplos de:
“Tela de araña”, de V. Minnelli, “Función privada”,
de Malcom Mowbray , “La ciudadela”, de King Vidor, “Pieza
incompleta para piano mecánico”, de Nikita Mihalkov, “Sombras
y niebla”, de Woody Allen, “Noche en el alma”, de Jacques
Tourneur, “Un médico en la familia”, de Ralph Thomas, “Nostradamus”,
de Roger Christian y “En busca del amor”, de Jean Negulesco.
En este punto existe un título de especial mención,
como “Los caballeros las prefiren rubias”, de Jean Negulesco, en
la que Lorelei, interpretado por Marilyn Monroe, pide a un solícito y
maduro admirador que le traiga un Jerez para su resfriado.
La difusión del Jerez no se ha visto limitada a los
dos aspectos anteriores, ya que el deseo de beberlo ha sido tan intenso que
los más diversos grupos sociales no han podido resistirse a su tentación,
lo que les otorgaba un toque de distinción y de buen gusto, además
de aportarles sus diversas virtudes. Así los miembros del estamento militar
se insuflaban valor con una copa de Jerez en “Sangre, sudor y lágrimas”,
de David Lean, “La hora final”, de Stanley Kramer, “Cinco
tumbas al Cairo”, de Billy Wilder, y “El coronel Blimp” de
Powell y Presburger.
En ambientes académicos y universitarios era consumido
como un medio eficaz para el desarrollo intelectual, como en las dos adaptaciones
que Anthony Asquith y Mike Figgis hicieron, respectivamente, de la obra de Terence
Rattigan , “La versión Browning”, o bien “En otro país”,
de Marek Kanievska, “Fresas salvajes”, de Igmar Bergman, y “Tierras
en penumbra”, de Richard Attenborough, donde el escritor C.S. Lewis no
rechaza la invitación que le hace Joy Gresham cuando ésta le ofrece
un poco de jerez.
Como no podía ser menos, el Jerez tiene un lugar destacado
en el mundo de la gastronomía y de la alta cocina. Es con los alimentos
que adquiere especiales cualidades, realzando hasta las mesas más humildes.
En “El festín de Babette”de Gabriel Axel, “Lo que resta
del día” ,de James Ivory, “La comunidad”, de Alex de
la Iglesía, “Beau Brummel”, de Curtis Bernhart, y “La
gran comilona”, de Marco Ferreri, nuestros vinos son indispensables.
En consecuencia, toda comida que se precie se iniciará
con el que es considerado el mejor de los aperitivos, y ello queda demostrado
en “Mary Poppins”, de Robert Stevenson, “Adivina quién
viene esta noche”, de Stanley Kramer, en la que además sirve para
romper barreras raciales y sociales, “El buscavidas”, de Robert
Rossen, , “La maldición de las brujas”, de Nicholas Roeg
y “Estrella del destino”, de Vincent Sherman. Cine español
al jerezComo contraposición a lo expuesto en las creaciones internacionales,
los escritores y guionistas españoles no han demostrado el mismo apasionamiento
por los vinos jerezanos.
Sin embargo, es en la versión muda de “Currito
de la Cruz”(1925), de A. Pérez Lugín y F. Delgado donde
encontramos, en los intertítulos, la mención más antigua
sobre el Jerez. Por índole diversa y contrapuesta, destacan tres títulos:
“La bodega”, adaptación de Benito Perojo de la polémica
novela del mismo nombre de Vicente Blasco Ibáñez, “El duende
de Jerez”, de Daniel Mangrané, extravagancia en Cinefotocolor,
y “Oro fino” de José A. de la Loma, en la que su productor,
Marcos Eguizábal no obtuvo el éxito deseado en su intento de equipararse
al cine americano.
Merecida mención hay que hacer al polifacético
artista y creador Fernando Fernán Gómez. Tanto en su vida privada,
como por boca de personajes a los que ha dado vida ha demostrado con creces
su afición al jerez. Valga recordar “Pim, pam, pum , fuego”,
de Pedro Olea, “Viaje a ninguna parte”, “Siete mil días
juntos”, y “El mar y el tiempo”, las tres del mismo Fernando;
lo que nos hace pensar que puede ser uno de las causas por las que aún
se mantiene tan activo e ingenioso.
Finalmente, la oscarizada película de José Luis
Garci, “Volver a empezar”, hizo una excelente publicidad de un conocido
fino jerezano. La bodega a la que pertenece esta marca sigue, en nuestra opinión,
en deuda con su autor.Un brindis Es ésta una relación que nada
tiene que ver con la que algunos han querido ver de la industria bodeguera local
sobre los responsables del doblaje de las películas de habla extranjera
a nuestra lengua, o bien su inclusión en los diálogos de las de
producción nacional.
No sólo puede comprobarse que las fuentes literarias
ya contienen las referencias al jerez, sino que ha quedado demostrado que las
versiones originales de las películas habían sido fielmente vertidas
al castellano. El estudio de más de trescientos títulos avala
esta afirmación.
En este acercamiento entre el cine y el jerez, en el que hemos
unido dos de nuestras pasiones, quedan por abordar diferentes aspectos que serían
objeto de un estudio detallado, y que podría servir como medio de una
eficaz campaña de difusión del vino de Jerez.
Mientras tanto, alzo mi copa como sentido tributo a la memoria
de aquéllos que compartieron la misma satisfacción de paladear
un buen jerez, dejando plasmada esa elección en obras que el cine, posteriormente,
llevaría al blanco lienzo.
AUTOR : JOSE LUIS JIMÉNEZ GARCÍA www.jerezdecine.com
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